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Sucedió hace….Cuando la recolección de aceituna era de forma diferente

La Guardería Temporera de la Monjas se inauguró en 1964

En pocos días se podrá apreciar, como las diferentes cuadrillas de aceituneros comenzarán a moverse por las mañanas para acudir a los “tajos” que viene siendo habitual en los últimos años, a finales del mes de noviembre. Las nuevas técnicas de recogida del olivo han ido demostrando que si el fruto se recolecta cuando se encuentra colgado en el árbol, el aceite es de mayor calidad y esto hace, que la mayoría de los agricultores hayan cambiado hábitos a la hora de comenzar la campaña aunque los rendimientos bajen un poco. Pero como decíamos, esto  ha tenido lugar en los últimos años, ya que  en los años 60 o 70, muchas de las grandes fincas, así como pequeños cosecheros, comenzaban la recogida en la segunda quincena del mes de diciembre, incluso muchos, esperaban al comienzo del año para poner en marcha la recolección.

Si la familia tenía hijos pequeños, los preparaban para la escuela y si aún no tenían edad escolar, en 1964 a los pocos meses de su llegada a mancha Real, la Hermanas Misioneras de Acción Parroquial, se inauguró la guardería temporera para familias con pocos recursos, en la que podían dejar a sus hijos pequeños como vemos en la foto con dos de las Hermanas cuidando y jugando con ellos.

Salida en “portillo” de la ermita en los 60

La salida se hacía desde los “portillos” situados en las salidas del pueblo, donde se reunía la cuadrilla y partían hacia la finca. En los años 50 y 60 se hacía normalmente el recorrido a pie, sien la carretera o el camino, un hervidero de gente hacia los tajos. En el olivar o en la finca, los hombres encendían una pequeña hoguera mientras las mujeres se cambiaban de ropa y se colocaban la de aceitunera, para comenzar la jornada sobre las 10 de la mañana. Una vez que se “agarraban”, los hombre en cuadrillas de 5 o 6 vareadores por olivo, comenzaban la faena, cada uno con su cometido, con varas largas para las partes altas y las varas cortas para los “adentros”. Cada dos o tres olivos, se sacaba la aceituna del lienzo, quitando los “cogollos” a mano y echando la aceituna a las espuertas.

Los aceiteros en la criba

Los encargados de transportar la aceituna eran los llamados “aceiteros” que por lo general se cogían a los más jóvenes que se encargaban de llevar las espuertas hasta la criba, unas veces sobre la cabeza y otras de las asas entre los dos encargados de este trabajo. En la criba, uno se ponía en la parte de arriba derramando la aceituna sobre ella y el otro estaba en la parte de abajo retirando los “cogollos” y piedras para que la aceituna se echase en los capachos o en los sacos lo bastante limpia para que no pudiesen poner reparos en las fábricas donde se llevaba. Vemos a los dos aceiteros en la criba y otros dos recogiendo y preparando la carga.

Los muleros tenían un papel importante en la recolección

El mulero era en aquellos años una figura muy importante en las cuadrillas, ya que era el encargado de transportar la aceituna recogida, desde el tajo hasta la fábrica de aceite. En las fincas grandes eran dos o tres mulas las que estaban destinadas a este trabajo de “acarrear” con tres capachos cada una de ellas, dos en el lateral y uno arriba en el  centro. El mulero tenía que ser una persona experta pues en el camino hasta la fábrica era muy normal que la carga se moviese y era difícil volver a ponerla en su sitio. En la foto de portada vemos a Luis Cobo “cigarrito” que era el mulero de la finca Hermosilla, junto a Villalta, cuyo dueño D. Luis Cubillo le tenía trabajando gran parte del año junto a Manuel “tarambana” que era el manijero de la finca. Vemos una niña junto a Luis y las mulas, ella es Lidia, que al ser domingo y no haber colegio, las familias se llevaban a los niños porque no tenían con quién dejarlos. Era el año 1969.

Las “cogeoras” eran imprescindibles

La cuadrilla de mujeres era imprescindible en aquellos años, puesto que la aceituna del suelo se recogía a mano y las “buenas cogeoras” siempre estaban muy buscadas por los encargados o “manijeros”. En una oliva podían ir alrededor de 6 mujeres que se iban turnando en cada una de ellas para que no fuesen las mismas las que recogían las aceitunas más dispersas o “graneos” ya que la postura era más incómoda. La mayoría de las veces iban  detrás de los hombres cogiendo los suelos y la aceituna que había saltado fuera del lienzo. Era muy normal oírlas a menudo gritar la palabra “aceite”, para que los encargados de la criba viniesen a vaciar aquellos “ceberos” hechos de pleita que manejaban magistralmente. Vemos en la fotografía un grupo de “aceituneras” en pleno trabajo, con los ceberos delante y algunas de ellas con los “rulos” puestos ya que los domingos después de llegar del tajo se salía un rato con el novio o las amigas.

Mari y Paquita con dos compañeras en Villalta

Los horarios cambiaron bastante, ya que en estos años solían “agarrarse” a las 10 de la mañana, echaban 3 horas y a la 13 horas era la merienda que muchas cuadrillas próximas al pueblo paraban cuando sonaba el silbato de la fábrica de aceite. Lo normal era estar una hora en la comida, con lo que una vez que el manijero daba la orden de parar, las diferentes familias se juntaban en alguna zona de la oliva que estuviese seca sin humedad, y de sus “capachas” comenzaban a sacar los embutidos de la matanza, el aceite de la cosecha propia y la bota del vino que apetecía echar un trago después de la mañana de trabajo. En la foto vemos a un grupo con Mari y Paquita en los extremos en los minutos de descanso después de la merienda.

Fernando “perichal” en el 59

Como comentábamos, en el “acarreo” de la aceituna, muchos pequeños olivareros aprovechaban el último viaje de la tarde que coincidiera con el final de la jornada, así transportaban la aceituna y las herramientas que se usaban, como lienzos y varas, pasando por la fábrica para dejar la aceituna en el “troje” y recoger el vale que al final de la recolección juntaban todos. Vemos en la foto tomada en el aljibe de la carretera de Torres, junto al surtidor, a Fernando Pulido “Perichal” que regresaba con los “capachos” de aceituna a lomos de la mula y con una de aquellas varas largas que se usaban para los copos de las olivas, un 29 de diciembre del 1959.

 

 

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