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Sucedió hace….Cuando las campañas de aceituna se vivían de otra forma

Cuadrilla de los “botines” en marzo del 67

En estos días ya se puede apreciar, como las diferentes cuadrillas de aceituneros comienzan a moverse por las mañanas para acudir a los “tajos” que viene siendo habitual en los últimos años, a finales del mes de noviembre. Las nuevas técnicas de recogida del olivo han ido demostrando que si el fruto se recolecta cuando se encuentra colgado en el árbol, el aceite es de mayor calidad y esto hace, que la mayoría de los agricultores hayan cambiado hábitos a la hora de comenzar la campaña aunque los rendimientos bajen un poco.

Esta semana queremos aprovechar la fecha, recordando algunas de aquellas “cuadrillas” de los años 60 y 70, que con los métodos tradicionales que habían heredado de sus antepasados, hacían la campaña en las circunstancias difíciles en las que se desenvolvían en aquella época.

La primera imagen corresponde a mes de marzo de 1967, en la zona del Pinote, donde la cuadrilla de los “botines” en la hora de la merienda se tomaron esta instantánea en la que aparecen entre otros, Jose Mª Collado, Manuel Rosa Valera “el moni”, su hijo Manolo o Andrés Jiménez. En las fincas más grandes normalmente se formaban dos grupos de cuatro hombres con otras tantas mujeres delante, recogiendo “suelos”, repartidas de tal forma que se llevasen dos hiladas hacia adelante. Cuando iban una pareja de jóvenes, normalmente se les ponía de “aceiteros” para recoger la aceituna de los lienzos y llevarlos a la “criba”.

La familia Fuentes en la hora de la merienda

La merienda tenía lugar a la una del mediodia, reuniéndose todos en un lugar seco, poniéndose cada familia juntos para comer los típicos productos que llevaban en la “capacha”, y que podían ser embutidos hechos en la matanza, o las “arenques”, que eran aquellas sardinas compradas en la tienda de la esquina, que venían en envases grandes redondos de madera. En este tiempo de la merienda, siempre sobraban unos minutos para la charla, mientras que la gente más joven se divertía con algún juego.  En la foto vemos en la década de los 70, a la familia Fuentes (teritas) en este descanso y preparados para tomar en su hortera, esta pipirrana que tanto gustaba.

En la aceituna cortijo el Albercon
En la aceituna cortijo el Albercon

Los jornaleros en unas ocasiones residían durante la campaña en los grandes cortijos para ahorrarse desplazamientos y hacer una vida más económica y en otras, se desplazaban desde el pueblo, para luego regresar al final de la jornada. Este último era el caso de la cuadrilla del cortijo “El Albercón”, que está situado en el camino de Jaén, y en el que era “manijero” Juan Valera, al que vemos en el centro de pié con una de aquellas “varas” que gustaban llevar mientras  vigilaban y animaban a las “cojeoras” para que fueran lo mas rápidas posible en su trabajo. Estos grupos en muchas de las ocasiones estaban compuestos por algunos familiares como en este que estaban las hijas de Juan, María  y Ramona y varias más como Cati o Manolita.

Familia Gutierrez finales de los años 60
Familia Gutierrez finales de los años 60

Para los pequeños olivares que las familias tenían, se solían juntar para ir recogiendo la aceituna, los miembros de esa familia, que les interesaba ir en un grupo acoplado entre mujeres y hombres, ya que si se hacía de forma individual, no era rentable. Lo normal es que a los “tajos”, se acudiera andando, haciendo que los diferentes “portillos” se llenasen de cuadrillas, reuniéndose para su salida. Una vez que se llegaba, las mujeres se cambiaban de ropa para ponerse el atuendo de aceitunera y no “manchar” la ropa que le serviría para los desplazamientos, mientras que los hombres los días de frío encendían una pequeña “lumbre” para llevar mejor esas primeras horas, que con la escarcha caída, eran las más duras. En la foto vemos a la familia Gutiérrez preparados para comenzar la jornada, y con el más pequeño de ellos Juan, con una manta para combatir el frío.

Las mujeres se encargaban de “los suelos”

El trabajo más sacrificado de aquellas campañas, lo llevaban las mujeres, ya que tenían que estar todo el día agachadas y con las rodillas sobre el suelo, que por lo general era duro y con muchas humedades. Si eran cuatro las componentes de cada olivo, siempre procuraban ir turnándose para que alternativamente le fuese tocando la parte de los troncones, o los graneos que los manijeros procuraban que no quedase ni una sola aceituna que se pudiese ver. Al final las dos parejas se encontraban en la parte alta del olivo para acabar y saltar al siguiente, momento que aprovechaban para vaciar los “ceberos” en una espuerta más grande que se habilitaba para ello.

Cuadrilla en Arroyovil a principios de los 70

Durante gran parte de la década de los 70, se dio la circunstancia de que al término de la campaña en Mancha Real que solía acabar en marzo, una parte de estos aceituneros, se “reenganchaban” en fincas más grandes, como Arroyovil o La Laguna. Estos eran un cortijos con miles de olivos, lo que requería una gran cantidad de jornales para la recogida de la  aceituna, llegando a trabajar en esta época varios cientos de personas entre mujeres hombres y muchachos que realizaban los trabajos de “esporteros”. Los aceituneros que allí trabajaban, muchas temporadas acababan después de Semana Santa, incluso hubo algún año que lo hicieron en Mayo. Muchos de los que se desplazaban desde Mancha Real, lo hacían en un autobús contratado para estos días, pero otros lo hacían en coches particulares o como la foto que mostramos de comienzos de los 70 en la que bajaban Juan Mª Torres con su esposa en el camión Barreiros Saeta de su propiedad, al que le ponía un toldo y varios bancos y podían viajar hasta Arroyovil más de 20 personas en la parte de atrás.

Mula transportando capachos de aceituna

El transporte de la aceituna se hacía desde el tajo hasta la fábrica con las mulas o borriquillos que la mayoría de agricultores de la época tenían para los trabajos del campo. A lo largo del día se solían dar varios viajes, llevando sobre sus lomos los animales, dos o tres “capachos” cada uno, acompañados del “acarreador” que se encargaba de que el traslado fuese rápido y que no se cayese la carga en el trayecto. Vemos en la foto una de estas mulas llegando a Mancha Real por la carretera de Jimena, a la altura de la “Huerta Jamilón”.

 

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